Esta mezcla bastante estable de familiaridad, hostilidad e ignorancia es propia de las dos partes de este encuentro cultural, complejo y desigual.
Los discursos de poder forman parte de nuestra vida diaria. Nos enfrentamos a ellos cada vez que se nos trata de persuadir a hacer, pensar o decir algo. Los encontramos en el periódico, en el trabajo, en la televisión, en los actos públicos y, aún, en muchas formas de entretenimiento. El poder nos rodea, se siente. Define no sólo los distintos tipos de relaciones humanas en las que nos involucramos sino la misma identidad de los individuos. Se encuentra en todo lo que decimos o escribimos y en todo tipo de discurso con el que entramos en contacto.
Los estereotipos en general, surgen en el proceso de absorber y discriminar información del medio ambiente, mientras que el contenido específico de un estereotipo, nace de la relación entre grupos dominantes y minoritarios y es comúnmente una forma importante mediante la que el grupo dominante trata de justificar o racionalizar esa relación de poder. “El desvalido Roger” nos muestra cómo se establece la relación entre México y Estados Unidos a través de estereotipos y cómo los medios masivos de comunicación pueden ser un aliado sumamente efectivo en la reproducción de éstas y otras figuras prejuiciosas. Las formas más comunes y severas en las que encontramos los estereotipos, son las raciales. La identidad racial implica unidad. Cuando esta identidad se internaliza implica una identificación, un sentido de pertenencia
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